Esta variedad de té posee un potente efecto para barrer la grasa acumulada en las arterias, razón por la cual antiguamente era muy consumido por las personas que vivían en la región del Tíbet. En ese lugar era imposible que las verduras crezcan, por lo cual la base de la alimentación eran las carnes que, como sabemos, aportan gran cantidad de grasas.

Este tipo de té se elabora de dos formas, una de ellas es Sheng cha o crudo y Shu cha o cocido, estos dos estados se logran mediante la fermentación. El crudo se fermenta durante menos tiempo, su carácter es fresco y su función es bajar el calor interno del organismo; su color es verde.

El cocido se somete a una fermentación más larga pero, además, se usa un método que consiste en cubrirlo con tierra; su carácter es más caliente y sube el calor interno; el color de las hebras rojizo. Un detalle interesante de esta variedad es que, al igual que los vinos, si se consume mucho después de su elaboración la calidad es superior, ya que sigue fermentando y mejorando su sabor, en particular el cocido. En ambos casos este té se comercializa en forma de bloques, o pequeños bombones compactos.

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